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Las alianzas en la historia.


Por Dr. Gildardo Linarez Placencia

Un parteaguas en la historia de nuestro amado México es la caída de Tenochtitlan. El dominio y crueldad de los aztecas sobre la región de lo que ahora es nuestro país dejaron durante décadas una gran cantidad de enemigos, mismos que se aliaron con los españoles para conquistar al Imperio Azteca. Además, se confabularon otros factores como una pandemia. 

¡Y cualquier parecido con la actualidad es mera coincidencia! Sin embargo, la excepción a la regla pudiera ser que la alianza entre criollos y mestizos propició la caída del virreinato español. Aunque siendo puristas y muy técnicos, sería muy difícil definirla como una alianza, por la evidente disparidad entre sus integrantes. Siendo realistas, los criollos solo aprovecharon el contexto de injusticia y de desigualdad para tratar de buscar un beneficio personal a costa del hartazgo de los mestizos.

La historia moderna nos dice que hemos tenido una gran cantidad de alianzas o pactos y casi todos con resultados desastrosos para México. Tal es el ejemplo del programa “Solidaridad”, que venía a darle continuidad a una alianza entre los diversos sectores productivos que buscaban parar la inflación galopante y las repetidas crisis económicas. 

Gracias a esa alianza se desmanteló al estado mexicano, vendiendo una gran cantidad de empresas gubernamentales a precios de ganga para un grupo de empresarios que se beneficiaron ampliamente con ese tipo de políticas que les permitieron amasar grandes fortunas de las cuales disfrutan hasta hoy. Se entiende perfectamente la complejidad de los tiempos actuales, los cuales requieren trabajos colectivos y alianzas bien pensadas para enfrentar todos estos retos.

Incluso, una reforma política de nuestro sistema electoral es necesaria para plantear la posibilidad de gobiernos de coalición. Pero mientras se siga en la tónica de las alianzas solo por llegar al poder, nuestra historia difícilmente será otra a la que hemos conocido. En ese sentido está puesta la mesa para que todos los actores preponderantes de nuestro país se pongan a reflexionar con una verdadera visión a largo plazo, que nos permitan sentar las bases de un crecimiento y evolución en beneficio de las futuras generaciones y no solamente del momento real. 

El tiempo es perfecto para grandes alianzas con la sociedad y no con los intereses personales. ¿Podremos hacerlo? ¿Dejaremos pasar otra oportunidad?

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